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Sobre la obra de
Luis Sánchez Renero y Sánchez Arquitectos:
HUMBERTO RICALDE
G.
A tantos y
fructíferos años
“...Fue
en sus oficinas donde construyeron su mejor laboratorio y a
través de él modificaron las prácticas materiales en la
construcción de la ciudad...”
*Iñaqui Abalos a
propósito de Olmsted y le Corbusier en “Atlas Pintoresco
Vol. 1 El Observatorio”
Gustavo Gili,
Barcelona 2005
En la primera
mitad de la década de los sesenta del siglo pasado se formó,
en la Universidad Nacional de México, una generación de
arquitectos que ha atravesado la segunda parte del siglo XX
por muy diversos derroteros; esta generación, discípula de
los maestros del racionalismo mexicano, se inició en el
oficio de arquitecto en la renovada escuela de arquitectura
en Ciudad Universitaria; una escuela conducida por
arquitectos actores en su oficio: Ramón Marcos, Jorge
González Reyna o Ramón Torres y que tenía en sus talleres y
aulas a otros tantos arquitectos formados en el diario hacer
de la arquitectura mexicana de entonces.
Bazas del
aprendizaje de la arquitectura, en ese período, eran aún
Federico Mariscal, José Villagrán García o Vicente Mendiola,
acompañados en su reflexión constante del ejercicio diario
del oficio por Félix Candela, Javier Lascurain, Jaime Ortíz
Monasterio, Carlos Mijares o Ricardo Flores y por los
jóvenes arquitectos Enrique Vaca, Jorge Vera, Enrique Ávila,
Álvaro Sánchez, Alfonso Nápoles, Noé Castro o Carlos
Alvarado.
Es necesario
subrayar esta iniciación en el oficio, aprendido y
reflexionado con quienes actuaban en la construcción del
México de la segunda mitad del siglo XX, para entender la
dedicación y esfuerzo que los integrantes de la generación
arriba aludida han aplicado en su trayectoria profesional y
valorar también, a partir del pensamiento actuante de sus
maestros, que su aprendizaje estuvo sustentado no en los
llamados profesionales de la enseñanza que, a partir de
libros y cubículos, pretenden enseñar arquitectura; sino
que, empezando por Villagrán García, su formación se basó en
la reflexión de un oficio actuado por los protagonistas más
destacados de la mejor arquitectura del siglo XX mexicano.
Aún están en la
memoria las invectivas de González Reyna para dejar las
aulas e ir a la ciudad, “ahí al norte de CU”, a ver qué se
estaba construyendo en la ciudad real y de ello aprender
arquitectura; o las visitas, encabezadas por Enrique Vaca,
para “llenarse de mezcla las botas” en los colados de la
Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco; están también los
recuerdos del seguimiento de obras como el hotel María
Isabel de Sordo Madaleno y Villagrán García o la torre
Jaysour (en Reforma y Praga), de Augusto H. Álvarez; es
decir, el taller académico y el taller profesional
interactuando en la propia formación como aprendizaje
compartido, al aceptar el reto de “estudiar y trabajar en
arquitectura las 24 horas del día” (Federico Mariscal Dixit).
A esta
generación pertenecen Luis y Félix Sánchez, los iniciadores
de la oficina Sánchez Arquitectos y Asociados, a la que se
unirán los integrantes de subsecuentes generaciones: Gustavo
López, Fernando Mota, Raúl González; para integrar, desde
inicio de los años setenta, un joven y dinámico grupo que,
como dice Iñaqui Ábalos, ha hecho de su oficina profesional
un laboratorio donde , con constancia, se ha reflexionado
sobre la arquitectura y la ciudad contemporánea mexicana;
investigación y estudio que, recordando a Aldo Rossi cuando
hablaba de la proyectación arquitectónica, debe de
constituir un profundo proceso de conocimiento integral del
fenómeno cultural que a cada generación de arquitectos nos
toca vivir.
A la trayectoria
de este laboratorio arquitectónico y urbano contribuyeron,
con su imaginativo y diestro enfoque, Alberto Robledo y
Álvaro Díaz, así como un grupo amplio de aprendices que hoy
son arquitectos maduros en nuestro medio; baste recordar
cuando en las mesas de dibujo estaban Isaac Broid, Roberto
García, Agustín Landa, Carlos Mac Gregor, José Luis Pérez,
Alejandro Rivadeneyra o Arturo Vázquez; por nombrar los que
la buena memoria, de aquellos tiempos de colaboración con
ellos, destaca; pero la lista es por breve injusta ya que el
laboratorio de Sánchez Arquitectos y Asociados ha formado
decenas de buenos profesionales en nuestro medio, actuando
como una escuela paralela y similar a aquella de la década
de los sesenta donde aprendimos a “estudiar y trabajar en
arquitectura las 24 horas del día”.
El secreto de
Sánchez Arquitectos y Asociados para mantener esta dinámica
en el oficio de la arquitectura ha sido el abordaje de un
amplio horizonte de temas en el campo profesional: de la
planificación urbana a la cuidadosa búsqueda del rincón
acogedor en el patio o el corredor de íntimas memorias
tradicionales; su ejercicio de arquitectos ha tocado, con
imaginación y eficiencia, el diseño urbano, la arquitectura
del paisaje y basados en una investigación, no académica
sino al pié de los fenómenos urbano-sociales: la vivienda de
interés social, en conjuntos multifamiliares de muy amplio
espectro donde como una sola acción, sin especializaciones
esquizoides, diseño urbano, paisaje y arquitectura han
contribuido a la calidad, aún constatable, de obras de gran
aliento para los, hoy casi extintos, institutos de vivienda
social del país.
Una visión
integral de su obra es necesaria para apoyar lo arriba
afirmado; un seguimiento de sus acciones
urbano-arquitectónicas solo podría hacerse desde dentro del
laboratorio mismo, es por eso que las compilaciones de su
obra son un buen inicio para su propia e interna reflexión y
la de aquellos que se interesen ahora, y en el futuro, de la
trayectoria de la arquitectura mexicana de la segunda mitad
del siglo XX. Así, este libro no será solo otra de las
puestas en escena, tan socorridas en estos tiempos de
“coffee table books”, de la trayectoria de los últimos
treinta años de Sánchez Arquitectos y Asociados, sino será
punto referencial y paradigmático de la actuación de toda
una generación, en la que su obra marca el paso por
derroteros hoy muy descuidados tanto por el gremio de
arquitectos como por las instituciones de este país,
hegemónica e ineficientemente, neoliberal.
Del rincón
acogedor del corredor tradicional a los multifamiliares,
hasta alcanzar la eficiencia y calidad ambiental del diseño
urbano, hablan obras tan diversas como el seminal conjunto
de casas de fin de semana La Canoa (Valle de Bravo, 1973),
en colaboración con Andrés Casillas; donde la pendiente de
la calle empedrada da ritmo ascendente a los sombreados
pórticos asentados en densos muros aplanados, cada detalle
de estás rústicas y acogedoras casas subraya su voluntad de
releer, en clave moderna, los materiales y procedimientos
constructivos de una región y desde ahí, sin falsos pudores
vanguardistas, dialogar con el clima y el paisaje
preexistente , al grado de no poder aislar la acción
arquitectónica de la paisajística. Otras casas en el mismo
Valle de Bravo continúan esta búsqueda: La Peña Dos (1973),
La Peña Cuatro (1976) y La Peña 6 (1979) así lo confirman
destacando en todas ellas la claridad compositiva de sus
plantas arquitectónicas y el cuidadoso tratamiento de sus
espacios de estar al abierto y zonas jardinadas acompañadas
de terrazas y muros en la profundidad escarpada de sus
lotes; estas casas tienen su seguimiento en la casa de Valle
de Bravo (1976) y señaladamente en la casa Las Moras (1991),
en San Miguel de Allende Guanajuato, donde las discreta
intervención contemporánea subraya las cualidades del
pequeño patio preexistente y más allá del viejo arco doble,
que lo limita hacia la profundidad del lote, continúa con la
secuencia espacial de cuidadosos ámbitos al abierto,
conformados con plataformas, empedrados, muretes,
escalinatas y feraz vegetación; con el mismo cuidado en las
secuencias espaciales, así como cambios de alturas y luces
cenitales, pero con un lenguaje más sobrio en su paleta de
materiales y colores, la casa Las Garzas (2004) también en
San Miguel de Allende establece una nueva imagen en la
vertiente de las casas de fin de semana construidas por el
grupo.
Dichas calidades
ambiental-funcionales están presentes también en las casas
citadinas de Sánchez Arquitectos y Asociados, las hermanan a
las anteriores el uso contundente de los materiales vistos,
su lógica constructiva y su imaginativa funcionalidad,
acorde con las condicionantes impuestas por los límites de
sus lotes urbanos; es el caso de la casa Palmito (1969),
como pionera de una interacción espacial en alturas que da
fluidez e independencia a las áreas sociales e íntimas de la
casa y que se mantendrá como constante tanto en las casas
habitación solas como en las características “town houses”,
que han singularizado las intervenciones del grupo en
terrenos urbanos de alta complejidad o sus intervenciones en
casas y lotes con valor histórico ambiental de la colonia
Roma; puede constatarse lo anterior en obras tales como: las
ocho casas habitación en Tetitla (1980) o en las más
recientes Town Houses del conjunto Tonalá (1996), donde la
limpieza tectónica y el manejo de la luz natural
proporcionan una insólita amplitud a los espacios de cada
vivienda, y en los conjuntos La Fontaine (2003) y Edgar
Allan Poe (2003) con sus estrictas y transparentes fachadas
que hacen fluir el espacio en profundidad de las viviendas y
donde el cristal, con la calidez de su tinte, las maderas,
los metales y el concreto juegan en sus ritmos y proporción
con la escala de las edificaciones vecinas, a la vez que se
destacan por su indiscutible contemporaneidad.
Las agrupaciones
de viviendas urbanas en serie son el lugar de
experimentación arquitectónica para este laboratorio que, a
lo largo de los últimos treinta años, Sánchez Arquitectos y
Asociados ha sido en el medio de nuestro oficio; dicha
experiencia se ha vertido en los conjuntos urbanos
multifamiliares que el grupo ha construido a partir de 1973
y donde diseño urbano, diseño del entorno y arquitectura
interactúan sin límites en su continuidad. Estas
experiencias se inician con el conjunto habitacional para
INFONAVIT El Rosario Dos (1973) con un plan maestro para
25.6 hectáreas y 2 mil 200 viviendas y tienen su expresión,
de inserción urbana a gran densidad y en altura, con el
conjunto habitacional para FOVISSTE Unidad Latinoamericana
(1974), Copilco, México, D.F., en colaboración con Héctor
Meza y Humberto Ricalde, donde mil 640 viviendas son
dispuestas entre jardines y plazas elevadas para dotar de
los estacionamientos necesarios a dichas viviendas y a la
vez rescatar, imaginativamente, el espacio ocupado por los
automóviles; logrando una muy alta y a la vez espaciosa
densidad de ocupación en un terreno de alto costo al sur de
la ciudad de México. Es de destacar, en esta intervención
urbano-arquitectónica, la unidad tesis del conjunto: un
edificio horizontal de apenas cinco niveles que integra los
diversos rangos económicos de vivienda, requeridos a los
proyectistas por el FOVISSTE, lográndose lo anterior
mediante la interacción de los estacionamientos a nivel y
las plazas-parque elevadas a las que se abren los
departamentos superiores y los retornos empedrados, también
a nivel, por los que se llega a las casas solas y en serie,
dotadas de estacionamiento propio.
Las décadas de
los setenta y los ochenta del pasado siglo marcan la más
intensa actividad del grupo Sánchez Arquitectos y Asociados
en el área de la vivienda multifamiliar, es un período en
que su labor en este rubro es de gran aliento, al grado de
poder afirmar que los caracteriza, en ese momento, en el
devenir de la arquitectura mexicana tanto en la ciudad de
México como en los diversos estados de la República; basta
analizar la dimensión y calidad proyectual del diseño urbano
del Conjunto Campeche (1976), del Conjunto San Luis Potosí
(1977), ambos para FOVISSTE, así como los planes maestros
para Apetlachica (1976) y para La Margarita (1977) ambos en
Puebla y en colaboración con Francisco Treviño, Irma Cuevas
y Humberto Ricalde. Pero quizá la obra urbana más lograda
del grupo sea el conjunto habitacional para BANOBRAS
Centenario (1978), en México, D.F., dadas las estrictas
condicionantes urbanas de un lote de únicamente una
hectárea; ya que en el se logran crear espacios comunitarios
tejidos con cuidado mediante muros pétreos, plataformas,
terraplenes y pavimentos, conformando patios privados para
las viviendas en planta baja y espacios semiprivados de
acceso a las viviendas de los pisos superiores; es la planta
arquitectónica misma de los edificios la que propicia este
juego espacial y sintetiza las búsquedas del grupo en cuanto
a la interacción espacial en altura de las unidades de
vivienda logrando, como en el edificio tesis de la Unidad
Latinoamericana, integrar en una sola unidad hasta tres
rangos de vivienda: la vivienda en planta baja con patio
propio, la vivienda en altura de dos recámaras, con
vestíbulos a medios niveles que le proporcionan privacidad a
sus accesos y la vivienda duplex de tres recámaras, como
remate compositivo del edificio y que caracteriza la
volumetría del mismo cuya expresión tectónica radica en el
cuidadoso aparejo de ladrillo visto y el ritmo que le
proporcionan la fenestración, los entrepisos y los balcones
en concreto aparente.
Debe también
destacarse aquí la amplia acción de vivienda urbana llevada
a cabo por Sánchez Arquitectos y Asociados raíz del sismo de
1985, cuando en una acción de envergadura inusitada y por
encargo de Renovación Habitacional, organismo oficial creado
exprofeso para solucionar el problema de falta de habitación
metropolitana consecuencia de dicho sismo, el laboratorio de
Diseño Urbano y Arquitectónico de este grupo, proyectó
tipologías de viviendas (arquitectura de la calle) y
coordinó en dos años, cuatro mil quinientas casas en las
nuevas vecindades dentro del programa de cincuenta y cinco
mil acciones de vivienda en la ciudad de México.
La obra hasta
aquí revisada sería suficiente para perfilar la intensa
actividad de un grupo dedicado a la investigación y la
proyectación llegados los años noventa de la pasada centuria
y sin embargo para completar dicho perfil faltaría agregar
su actividad en el campo de los edificios de servicio
público: mercados, escuelas, terminales de autobuses,
oficinas públicas, etc.; así como hoteles, aldeas
turísticas, oficinas ejecutivas, clubes privados, etc.;
integran su amplia currícula proyectual, destacan entre
ellos la Estación Zaragoza de Transferencia de Autobuses del
Sistema Metro (1991) y el Archivo Histórico del Estado de
Tlaxcala (1998), en ambos la expresión técnica de la
estructura, unida a la complejidad de sus respectivos
programas arquitectónicos, ha sido resuelta con claridad y
contundencia funcional y tectónica; sea en la gran nave de
intercambio de transporte con la vibración y transparencia
de una arriesgada estructura tubular con sugerentes
recuerdos, puestos al día, de las estaciones de ferrocarril
y naves industriales del siglo XIX; sea en la destreza
proyectual con que los espacios del archivo han sido
recabados en la pronunciada pendiente del terreno que
literalmente los acuna así como los muros de contención y
los puntales estructurales que expresan la acción
constructiva ejercida sobre dicho terreno. Y en el género
escolar habría que analizar con detenimiento tanto el
polémico edificio para el Instituto de Ingeniería (2002) en
Ciudad Universitaria, como la serena expresión volumétrica y
compositiva, sin alardes de alta técnica, de la Escuela de
Post grado (2003) para la Escuela Bancaria y Comercial.
En el área de la
planificación urbana planes como el Director de Desarrollo
Urbano de la ciudad de Matamoros (1979), los planes
Parciales de Desarrollo Urbano de las Delegaciones Iztacalco
e Iztapalapa, ciudad de México (1980), el Plan de Desarrollo
Urbano de Jalapa, Veracruz (1980), el Plan Regional del
Subsistema Oriente del Estado de México (1982), etc.;
constatan su continuo hacer en el área de la investigación y
la planeación en este país, que en los últimos años ha
descuidado esta área vital para su futuro y equilibrado
desarrollo.
Dificilmente
otro grupo de arquitectos, en estas últimas tres décadas,
puede listar en la currícula de sus trabajos, una tan
amplia y variada actividad proyectual en todos sus niveles;
a la que hay que agregar sus recientes trabajos y
colaboraciones internacionales como la casa en Tel Aviv
(2002), con dejos de controlada postmodernidad, y el museo
en China (2004) de radical expresionismo deconstructivo, con
su cubierta cráter diríase topográficamente explotada; así
como su contraparte en México: el edificio para Monte Xanic
(2001), atento a la integración de lo construido al paisaje
con su sugerente propuesta de un edificio técnicamente
emergente (acero y vidrio), entre albarradas cuajadas de
verde que ascienden, obedientes a la colina de su
emplazamiento, desde el río hasta alcanzar su nivel de
accesos.
Estas múltiples
vertientes de la fructífera actividad en el oficio: sea en
la planeación, la obra pública, la vivienda social, los
edificios de inversión privada o la casa íntima, citadina o
campirana; nos hablan de un grupo que con su actividad
proyectual, fruto de aquella formación basada en la
constante reflexión del oficio, ha estado en todos estos
años al servicio de la amplia comunidad social de México.
Autor:
Humberto Ricalde
G..
Publicado en:
Sánchez Arquitectos y Asociados, Catálogos
de Arquitectura Mexicana, Barcelona, 1995, Ediciones
G..Gili, S.A. de C.V, págs
50-57
Sánchez Arquitectos web site
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